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Hay palabras que cambian de significado.


Hay acontecimientos y situaciones tan difíciles que ni con toda la riqueza de nuestro idioma podemos ponerles palabras.


Lo que Venezuela vive en estos momentos es indescriptible. Nadie estuvo preparado para esto. Ni como país ni como personas.

Momentos que nos superan porque simplemente no estábamos preparados para vivirlos.

Afrontarlo es, quizá, lo que más cuesta.

Incredulidad. Negación. Frustración. Dolor. Impotencia. Culpa.

Son algunas de las emociones que, como pueblo, atravesamos en este doloroso momento.

Y hay palabras que han cobrado un significado distinto.

Como raíz.

Porque cuando estás lejos, te duelen las raíces. Duele el lugar donde naciste, creciste y viviste.

Donde quedaron tu familia, tus amigos y una parte de tu vida sembrada para siempre, aunque hoy estés a kilómetros de distancia.

Es un lugar que no deja de doler, vayas donde vayas.

Pero no todos procesamos ni manifestamos el dolor de la misma manera. Para eso tampoco estamos preparados.

Unos gritan.

Otros lloran.

Algunos callan.

Porque muchos crecimos escuchando frases como: "No llores."

Cada lágrima, cada silencio, cada palabra y cada abrazo son maneras distintas de sostener un dolor que es demasiado grande para explicarlo.

A Venezuela la llevamos con nosotros.

Y por eso, aunque estemos lejos, nos duele desde dentro.

También la palabra escuchar ha cobrado un significado distinto para mí.

Quizá porque un mensaje tan sencillo como: ¿Estás bien? ¿Cómo está tu familia?,
que podría parecer obvio dadas las circunstancias, tiene un efecto mucho más profundo de lo que imaginamos.

Estar lejos también trae frustración, impotencia e incluso culpa por no estar en tu país ayudando.

Pero ese mensaje me hizo comprender que ayudar no se limita al dinero o a lo material.
Existen muchas formas de acompañar a nuestros hermanos.


Donando.

Difundiendo.

Ofreciéndose como voluntario.

Escuchando.

Y, para quienes creemos,

orando.

La respuesta a ese mensaje fue tan contundente que comprendí el verdadero valor de la escucha.

Esa palabra que damos por sentada encierra uno de los deseos universales del ser humano: sentirnos comprendidos. Sentirnos escuchados.

Me alegró recibir tantos: "Gracias de verdad por tu mensaje."

Porque entendí que, desde donde estoy, puedo ayudar de la mejor manera que sé hacerlo: escribiendo y escuchando.

Y hubo un mensaje que se quedó conmigo:
"Escucharnos o recibir un mensaje nos hace sentir acompañados. No hace falta dinero. Necesitamos sentirnos queridos. 🫂 Gracias."

Lo escribió una querida amiga a quien hoy le toca comenzar de cero.

Y me recordó que todos podemos aportar de alguna manera.

Cada quien desde lo que es.

Cada quien desde lo que sabe hacer.

Hay palabras que cambian de significado.



Carla Guardia

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